El Mensaje

El Mensaje - Las Palabras Radicales de Jesús


306. Pide y se te dará. Busca y encontrarás. Toca y se te abrirá la puerta. Porque todo aquel que pide, recibe; los que buscan, hallan; y a los que tocan se les abrirán las puertas de par en par.

307. Imagínate que a medianoche fueras a la casa de un amigo y le dijeras: «Préstame tres panes. Tengo visitantes que han viajado desde muy lejos para venir a verme y no tengo abasto». Tu amigo podría contestar: «Por favor, no me molestes ahora. La puerta está cerrada y mis hijos duermen. No puedo levantarme y ayudarte». Te digo que no se levantaría para darte pan por ser tu amigo; pero por tu persistencia, él cedería a tu ruego y se levantaría para darte lo que necesites.

308. Así pasó con un cierto juez que no temía a Dios, ni respetaba a los hombres. En el mismo pueblo vivía una pobre viuda que apelaba continuamente a este por justicia en contra de una persona que le había hecho mal. El juez la ignoró por un tiempo y rehusó oír su caso. Pero, finalmente, se dijo a sí mismo: «Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, veré que esta viuda obtenga justicia, porque me desespera con su persistente apelación».

309. Presten atención a lo que dijo aquel juez. ¿No hará Dios justicia a sus escogidos que claman a Él día y noche? ¿Creen que Él los desechará? Les digo: ¡Él verá que reciban clemencia pronto! Aun así, la pregunta pertinente es: ¿encontraré siquiera a algunos en la tierra con semejante fe cuando yo vuelva?

310. Por eso te digo: cuando ores, no uses vanas repeticiones. Los que oran a ídolos oran así, pensando que serán oídos por sus muchas palabrerías. No debes imitarlos. Recuerda que tu Padre Celestial sabe todo lo que necesitas, aun antes que se lo pidas.

311. Y cuando ores, no seas como los hipócritas que se paran delante de las congregaciones religiosas o en las esquinas de las calles a orar para ser vistos por la gente. En vez, cuando ores, ve a un lugar íntimo y ora a tu Padre en secreto. Tu Padre que escucha lo secreto te recompensará abiertamente.

312. Haz lo mismo cuando ayunes. No hagas como los hipócritas que incluso ponen caras tristes para que todos sepan que están ayunando. No seas así. En cambio, cuando ayunes, péinate bien y compórtate de tal manera que nadie sepa que estás ayunando, sino solamente tu Padre Celestial. Así tu Padre que ve lo que se hace en secreto te recompensará.

313. Ustedes deben orar de la siguiente manera:

314. Nuestro Padre Celestial, sea tu nombre venerado por todos. Gobierna tú a este mundo. Que tu voluntad siempre se haga, tanto en la tierra como en el Cielo. Provéenos el pan que necesitamos hoy para sobrevivir. Y perdona nuestras deudas contra ti, de la manera que nosotros perdonamos a los demás. No permitas que cedamos ante las tentaciones, más bien líbranos de la maldad. Porque tuyo es el Reino, el poder y la gloria, para siempre. Y así sea.

315. Cuando estés orando, si tienes algo en contra de cualquier persona, perdónalo; para que tu Padre Celestial también te perdone tus pecados. Porque si no perdonas a los demás, mi Padre tampoco te perdonará a ti.

316. Si ustedes permanecen conmigo y mi mensaje permanece en ustedes, pidan lo que desean y les será dado.

317. Confía en Dios. Si tu fe es aun tan pequeña como una pequeña semilla de mostaza, podrás decir a las montañas: «Quítate de aquí y arrójate al mar». Si crees que esto es posible, sin dejar lugar a la duda, entonces lo que pidas o mandes será hecho. Nada te será imposible, pues todo es posible para el que cree. Por eso, te digo que cualquier cosa que le pidas a Dios, cree que la recibirás y la obtendrás.

318. Si dos de ustedes, que siguen mis enseñanzas, se ponen de acuerdo en fe aquí en la tierra respecto a cualquier cosa que pidan, su petición será atendida por mi Padre que está en el Cielo. Porque en cualquier lugar donde dos o tres estén juntos para cumplir con mis propósitos yo estaré allí con ellos.

319. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre: pidan y recibirán, y su gozo será completo. Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre se glorifique en mí.

Referencias:
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