El Mensaje

El Mensaje - Las Palabras Radicales de Jesús


124. El que proclama su propia ideología lo hace para obtener honor para sí mismo. Pero el que trabaja para la gloria y honor de aquel que lo envió es verdadero y no hay ninguna falsedad en él. Y yo no descendí del Cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad del Padre, quien fue el que me envió.

125. Yo no busco mi propia grandeza; pero hay uno que busca exaltarme. Él es el juez de aquellos que me rechazan.

126. La ley de ustedes declara que el testimonio de dos testigos es verdadero. Por consiguiente, yo doy testimonio de mí mismo. Aunque en realidad, las obras que el Padre me dio para que yo cumpliese, esas mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí y comprueban que el Padre me ha enviado. Además, el Padre, quien me envió, también da testimonio de mí. Sé que el testimonio que Él ha dado de mí es verdadero. Por eso, no busco aprobación de las autoridades terrenales.

127. Ustedes escudriñan las Escrituras porque piensan que en ellas encontrarán la vida eterna. ¡Sin embargo, ellas dan testimonio de mí y ustedes vacilan en venir a mí para que puedan recibir esa vida que buscan!

128. El que quiera hacer la voluntad de Dios muy fácilmente descubrirá si mis enseñanzas son de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta.

129. El Padre, quien me envió, me ha ordenado qué decirles. Yo sé que sus palabras conducen a la vida eterna; así es que, todo lo que Él me ordena decir, lo digo. El mensaje que les comunico no es mío, sino que procede del Padre quien me ha enviado.

130. Dios mismo ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca vieron Su apariencia ni oyeron Su voz. Tampoco permanece Su palabra dentro de ustedes porque rehúsan creer que fui enviado a ustedes con el mensaje de Dios.

131. Si permanecen en mis enseñanzas, serán mis verdaderos seguidores, conocerán la verdad y la verdad los hará libres. Les digo esto a fin de que puedan ser salvos.

132. Les aseguro que los que crean en mí harán las mismas obras que yo hice. Es más, ya que estoy con mi Padre, ellos harán cosas aun mayores.

133. Porque esta es la voluntad de Dios, quien me ha enviado: que los que me vean y confíen en mí tengan vida eterna; y si confían en mí yo los levantaré en el día postrero. ¿Creen al Hijo de Dios? Es él quien les habla.

134. ¿Acaso no dicen las Escrituras «ustedes son dioses»? Si las Escrituras, que no han cambiado, dicen que Dios dijo eso, entonces ¿por qué pensarían que está mal que yo diga que soy «el Hijo de Dios»? ¡Yo soy el que el Padre ha consagrado y enviado al mundo!

135. Yo soy el camino, la verdad y la vida; ¡nadie llega al Padre si no es por mí! Para esto nací, y por este propósito vine al mundo: para dar testimonio a la verdad. Todos los que aman la verdad aceptan mi mensaje.

136. Si alguno oye mis palabras y no cree, yo no le juzgo, porque yo no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo. Sin embargo, les advierto, que los que me rechazan y no aceptan mis enseñanzas rendirán cuentas. El mensaje que he hablado será su juez en el último día.

137. Cualquiera que oye mis palabras y las practica es sabio como el hombre que cavó profundamente y construyó su casa en un fundamento hecho de piedra. Descendieron las lluvias, se levantaron inundaciones y vientos fuertes azotaron contra la casa, pero esta lo resistió porque estaba fabricada sobre roca sólida. Pero cualquiera que escucha mis palabras y no las practica es como el hombre insensato que fabricó sobre un cimiento hecho de arena. Cuando descendieron las lluvias y se levantaron inundaciones, los vientos fuertes azotaron contra la casa y se desmoronó el fundamento. La casa se desplomó y grande fue su destrucción.

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