El libro de Proverbios contiene muchas buenas citas sobre la pereza. Proverbios compara a la gente perezosa con las babosas, probablemente porque estas criaturas son muy lentas en sus movimientos.

Es muy raro que alguien confiese ser perezoso. Los perezosos tienen talento para convencerse de que no tienen pereza. Casi siempre tienen excusas por su progreso lento y su falta de producción.

En su propia opinión el perezoso es más sabio que siete que sepan aconsejar. 
(Proverbios 26:16)


El primer síntoma de la pereza es esta inhabilidad para siquiera considerar la posibilidad de ser perezoso y de que se necesita cambiar. Hasta que uno pueda considerar esa posibilidad, hay poca esperanza de solucionar el problema.

El perezoso esconde su mano en su pecho.
(Proverbios 26:15)


Otro ejemplo de la pereza es la tendencia a ser el último para ofrecerse como voluntario para ayudar cuando hay una necesidad (o siquiera ver que hay una necesidad que requiere de ayuda). Las personas perezosas se esconden en las sombras suponiendo que si esperan suficiente tiempo, otra persona se ofrecerá en su lugar.

Pregúntate con qué frecuencia tomas la iniciativa ofreciendote como voluntario para ayudar, para encargarte de un proyecto cristiano (o sugerir uno nuevo), para darle una taza de café a una visita, para lavar los platos, hacer reparaciones, para contactar a alguien interesado en conocer más de Dios, para repartir más tratados cristianos, preparar un estudio bíblico, etc. ¿Te ofreces con entusiasmo para ayudar o buscas maneras de no ofrecerte?

Las personas perezosas esperan que se les pida hacer algo, y aun entonces, tienen problemas para realizar la petición. "Esconden su mano en su pecho" en vez de levantarla para ofrecerse a ayudar.

Dice el perezoso: El león está en las calles.
(Proverbios 26:13)


Incluso cuando se lo presione para que tome una acción, el perezoso encontrará excusas para no hacer lo que debe hacer. Ve "leones" por todas partes, y los leones se convierten en excusas para no empezar la tarea. Dice cosas como: "hace demasiado frío, calor, humedad, etc."; "no voy a tener suficiente tiempo para terminarlo, así que no voy a comenzarlo"; "pensé que otra persona lo iba hacer"; "no sé cómo hacerlo"; "no tengo suficiente dinero"; "he pasado la tarea (o una cierta parte pequeña de ella) a otra persona, y he estado esperando a que lo termine".

La mayoría de estas excusas no constituyen una negativa absoluta a hacer el trabajo, pero logran demorar su comienzo. La tardanza, sin embargo, muy a menudo tiene el mismo resultado que una negativa absoluta, ya que el trabajo no llega a hacerse. Es parte de la "sabiduría diabólica" del perezoso creer que puede negar la acusación de que se está rebelando contra la responsabilidad usando la excusa de que tenía todas las "buenas intenciones" de hacer el trabajo eventualmente. Pero, como dice el refrán, el camino al infierno se pavimenta con buenas intenciones.

Como el humo a los ojos, así es el perezoso a los que lo envían.
(Proverbios 10:26)


Incluso cuando alguien logra que una persona perezosa comience algún trabajo, se puede estar bastante seguro de que el trabajo no será bien hecho. La distracción más pequeña causará que el trabajo sea abandonado y olvidado. Casi siempre, el perezoso dejará las cosas sin terminar y alguna otra persona tendrá que terminarlo, y la calidad del trabajo hecho por el perezoso será mínima.

El perezoso necesita que le recuerden constantemente que comience (o termine) un trabajo, porque raramente usa una lista de tareas (papel o bloc de notas donde se anotan todas las tareas que se necesitan hacer y se tacha cada tarea cada vez que se cumpla.)  La persona perezosa subconscientemente desea olvidarse de la tarea que tiene que cumplir porque piensa que olvidarse es una excusa razonable.

Como la puerta gira sobre sus quicios, así el perezoso se vuelve en su cama.
(Proverbios 26:14)


Una persona perezosa raramente es la primera persona en levantarse por la mañana. Generalmente lo contrario es cierto. El perezoso se queda durmiendo cuanto más puede y es lento en responder incluso cuando otros se esfuerzan para levantarlo de la cama.

Cuando se despierta, el espíritu soñoliento continúa plagándolo a lo largo del día. Todos los momentos cortos que tiene entre sus tareas claramente asignadas se la pasa soñando despierto, en vez de estar activamente preparándose para la próxima tarea.  Si tiene algo de tiempo de sobra lo suele desperdiciar en vez de usarlo para empezar algún otro trabajo que esté incluido en su lista de tareas. Esta tendencia de soñar durante el día y de esperar a que los demás le digan qué es lo que se necesita hacer es una muestra de pereza y de falta de responsabilidad.

El indolente ni aun asará lo que ha cazado
(Proverbios 12:27)


El perezoso no carga su propio peso... y mucho menos el de otra persona. Come lo que otros han conseguido por medio del trabajo duro sin colaborar de ninguna forma.

En actividades mensurables (como la cantidad de libros cristianos que se han repartido), se comparará al más lento en vez de compararse al más rápido; y en tareas más abstractas a menudo no se comparará a nadie. Sigue siendo dichosamente indiferente a todas las tareas que están siendo atendidas por los demás.

Mientras que otros hacen todos los planes, todo el papeleo, dan a todos los consejos, preparan todos los estudios y artículos, reparten los libros cristianos, ofrecen trabajo gratis a los demás y se ocupan de todos los asuntos de negocio sin ayuda de la gente perezosa, cuando se les pide a los perezosos hacer algo sencillo como barrer el suelo, pensarán (si es que no lo dicen directamente): "¿Por qué tengo que barrer el suelo? ¡Nunca te veo barrer el suelo a ti!". Se vuelven ciegos a todo lo que están haciendo los demás mientras resienten cualquier tarea que ha sido forzada sobre ellos.

Hemos notado que cuando estamos repartiendo libros cristianos y pidiéndole al público unos centavos para cubrir el costo de imprenta, el perezoso es feliz con conseguir suficientes colaboraciones para cubrir costos mínimos absolutos (por ejemplo, suficiente para alimentarse a ellos mismos), mientras deja que los demás resuelvan cómo pagar los costos de transporte, costos de imprenta, alojamiento, dinero para proyectos de caridad y otros costos menos obvios. No les molesta beneficiarse de los esfuerzos de los demás, pero sienten poca o ninguna necesidad de tomar responsabilidad personal por todos los costos implicados.

El perezoso codicia todo el día, pero el justo da, y no detiene su mano.
(Proverbios 21:25-26)


Es la naturaleza de los perezosos el ser egoístas. Subconscientemente, el perezoso se pregunta, "¿qué pueden hacer los demás por mí?" en vez de preguntarse, "¿qué puedo hacer yo por los demás?". Podemos ver aquí la conexión entre la pereza y la avaricia... la raíz de todo el mal.

Los perezosos a menudo creen que no son avaros porque no son ricos. Pero en la mayoría de los casos no son ricos porque son perezosos. Uno no necesita ser rico para tener el "espíritu de los ricos", es decir, la avaricia. Una persona que tiene el "espíritu de los ricos" espera que la vida le sea dada en una bandeja de plata. Piensa que el mundo le debe algo.

Rica o pobre, si una persona no es generosa (con su tiempo y energía, como también con su dinero) entonces es lo opuesto de generosa; es avara. Está atrapada en un túnel oscuro y estrecho que necesita ser abierto a las necesidades de los demás.

CÓMO SUPERAR LA PEREZA

Algunos de nosotros somos más perezosos que otros, y algunos de nosotros somos perezosos en algunas cosas mientras que no lo somos en otras. No presumas que no es un problema tuyo solo porque no estás consumido totalmente con la pereza. Recuerda: compárate con los mejores trabajadores, no con los peores.

Pero si hemos resuelto que tenemos un problema y que este problema es la pereza, ¿cuál es la solución?

Por empezar, confesar el problema logrará algo, ya que podremos empezar a trabajar en cambiar las costumbres que justificábamos en el pasado. Sin embargo, hay algunos otros consejos prácticos que pueden ayudar también.

PENSAR SOBRE EL PROPÓSITO DE LO QUE HACES

Un consejo práctico es tomarte el tiempo para reflexionar sobre lo que estás haciendo y la razón por la cual lo haces. Reflexiona sobre tu vida y el poco tiempo que hay en este mundo en comparación a la eternidad. Esto debe tener el efecto de motivarte a usar tu tiempo bien. Después de reflexionar, quizás veas que necesitas hacer cambios fundamentales en cuanto a lo que estás haciendo con tu vida para poder enfocarte en las cosas que creas más importantes.

Cuando estés seguro sobre qué es lo que deseas hacer con tu vida, será más fácil tener entusiasmo sobre muchas cosas, tales como levantarte de la cama por la mañana. Tendrás algo por lo que vivir, una sensación de emoción por todo lo que está alrededor tuyo. El punto de este estudio no es el de condenarte, sino el de inspirarte y entusiasmarte mostrándote lo que podrías lograr si no fueras tan vago. Tener inspiración puede hacer una gran diferencia.

Si te encuentras implicado en algo que no has elegido personalmente, pero que todavía se necesita hacer, refleciona sobre lo que está sucediendo para desarrollar interés en lo que estás haciendo. Es decir, piensa sobre lo que estás haciendo y la razón por cual lo estás haciendo, y cómo podrías hacerlo mejor. Busca maneras de convertir en un "juego" lo que estás haciendo, a través de ver cuán rápido lo puedes hacer o cómo puedes mejorar la calidad de lo que haces. Encontrarás que cuando pones esfuerzo en tales cosas desarrollarás rápidamente un interés en las cosas que antes pensabas eran aburridas o desagradables.  Quizás la tarea no fue de tu elección, pero cómo la haces y tu actitud hacia ella sí está bajo tu control.

DIVIDIR LAS TAREAS


Otro consejo práctico es que dividas las tareas grandes en tareas más pequeñas. Esto es importante especialmente cuando uno tiene metas enormes como "salvar al mundo". No vamos a ver el éxito total en nuestro propio curso de la vida, así que debemos mantenernos inspirados y celebrar los triunfos pequeños que vemos cada día.

En un sentido espiritual, dividimos la tarea grande en tareas más pequeñas cuando fijamos las metas diarias con cosas tales como cuántos tratados cristianos deseamos repartir, por ejemplo. Solo tenemos que tener cuidado de que la meta pequeña no nos haga perder de vista la meta más grande (que, esperamos, será la de evangelizar al mundo para Dios). Sin embargo, dividir la tarea grande en metas a corto plazo puede ayudarnos a acercarnos a la meta grande por medio de hacer un juego de cada pequeño pedazo de la tarea.

TENER UNA LISTA DE TAREAS


Anota en forma de lista las diferentes tareas de los proyectos más grandes de modo que puedas registrar tu progreso cada vez que termines una tarea y pases a otra. En lo posible, define fecha y hora para terminar la tarea e intenta terminarla antes de la fecha y hora predeterminadas. Vale a veces una pequeña celebración cuando logras ciertas metas importantes. La celebración te animará para tu próxima meta.

Dicen que la virtud es su propia recompensa, y esto es cierto en relación a nuestros esfuerzos para superar la pereza. Pues, cuanto más nos vemos progresando, más estaremos entusiasmados; y cuanto más nos entusiasmamos, más veremos nuestro progreso.

Nada tiene más éxito para motivarnos que el éxito. Pero el trabajo más grande es estar motivado lo suficientemente para poder dar el primer paso hacia el progreso.

Dios nos creó con un propósito y para que hagamos buenas obras para Su gloria (Efesios 2:10). Jesús promete que Dios dará de Su Espíritu a cualquier persona que le pida (Lucas 11:13).  Así que píde a Dios que te llene de Su Espíritu y te dé el entusiasmo que necesitas para salir de la pereza y empezar a disfrutar de la vida abundante que Él quiere darte.  ¡Qué Dios esté contigo mientras comiences!



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